Universo

Por: Miguel Ángel García García
@letrasypalabras


Sobre nosotros están Neptuno,
los anillos de Saturno
y la majestuosidad de Júpiter.

Mi cinturón de estrellas se encuentra a la izquierda
y en el oriente espera mi carruaje de aves cósmicas.

El frio cala,
la presión atmosférica aplasta,
el multiverso gira invisible a mi alrededor;
en el aire flotan las ideas
que se quieren convertir en palabras.

De entre la sombra de mi lado oscuro
se avista, apenas,
la osatura de la mano
con la que escribo.

Germinar

Por: Miguel Ángel García García
@letrasypalabras

A veces me pregunto por qué las semillas no germinan.

Si es cuestión de agua o tierra, de viento, de rayos de sol o baños de luna.

Supongo que, además de todo lo anterior, la semilla debe querer crecer, germinar, trascender... desde lo más profundo de su interior.

Almas

Por: Miguel Ángel García García
@letrasypalabras

Llámame iluso, dime que estoy equivocado, pero la idea de que “somos seres espirituales (almas) viviendo una experiencia terrenal” me parece muy romántica.

Prefiero pensar que elegimos venir y volver o que somos enviados, una y otra vez, a este plano dimensional para aprender lecciones no aprendidas, pagar karmas, enseñar a otros a través del amor o el dolor y, también, llenarnos de gozo y del concepto más puro de la belleza. Como el roce sutil de un gato que nunca olvida o el cabello mojado que yace exhausto sobre la almohada.

Llámame romántico, pero creo que nosotros pactamos reencontrarnos en este mundo. Me lo dicen la lluvia que se desliza por mi ventana, la tierra húmeda que piso y el mar en calma que soy cuando pienso en ti. Y, de algún modo, sé que eres mi bucle infinito.

Águilas Calvas

Por: Miguel Ángel García García
@letrasypalabras

A veces todo me da vueltas,
el remolino del viento que va y viene,
la Tierra sobre su eje y alrededor del Sol,
la galaxia en forma de espiral,
la luz al borde de un agujero negro,
las ideas en mi mente,
las mariposas en mi estómago,
tu nombre en la punta de mi lengua,
tú y yo en alguna parte de mi mente,
agarrados de las manos,
girando con todas nuestras fuerzas
hasta que uno de los dos se suelte,
como un par de águilas calvas
en un ritual de apareamiento.